El País y el día de la marmota:
Hace casi dos semanas, hablábamos en este mismo blog sobre el previsible (e inútil) tratamiento del debate Obama-Romney en la primera de El País. Titular repetido hasta la saciedad durante el día y medio que transcurrió desde que ambos políticos se vieran las caras hasta que la cabecera llegara a los kioscos.
Hoy tenían una nueva oportunidad para cambiarlo, pero la han vuelto a perder. Juzguen ustedes mismos.
Nota: No es el único que lo lleva a portada, pues hay otros como El Mundo o La Vanguardia que lo incluyen, aunque de forma algo más secundaria.
(Vía - Kiosko.net)
Los diarios de papel y el tiempo:
El diario El País. Un día y medio después del debate entre Obama y Romney. Todas las televisiones, radios y digitales han ofrecido las claves del evento. No hay nada nuevo, salvo que se trate de dar un punto de vista distinto. La cabecera abre con foto a cuatro columnas de un momento del encuentro político y un titular que ya lo pudimos leer y escuchar antes en infinidad de lugares. ¿Es esta una forma de invitar a que alguien abra (y, después, pague 1,30 euros) su periódico? ¿Es este el valor añadido que debe ofrecer una publicación que es lanzada horas después de que ocurra cualquier acontecimiento? ¿No es un desperdicio de papel y de esfuerzo? ¿Es este el cambio de paradigma del que habla su exdirector y consejero delegado de Prisa, Juan Luis Cebrián?
Vía - Kiosko.net
La inmediatez de la web tiene un efecto depredador sobre las capacidades de los periodistas, que es acojonante. De momento, supongo que con el tiempo eso se irá solucionando.
Pero lo que creo que hace el texto más endeble es el hecho de que todas las fuentes que aparecen sean anónimas. Creo que no se puede decir de una de las personas citadas que “odia a José Blanco y a Rubalcaba” basándose solo en un “según dicen” (…).
El uso de fuentes anónimas debe estar muy justificado. ¿No había ninguna fuente dispuesta a dar la cara? ¿Por qué no se enjuiciaba también esa circunstancia? Creo que se debería haber hecho un mayor esfuerzo por identificar a quienes emitían tan graves opiniones. De lo contrario, ¿cómo podía el lector concluir que eran críticas fundadas y no meras insidias? En todo caso, el Libro de Estilo establece claramente que “en los casos conflictivos, hay que escuchar o acudir siempre a las partes en litigio”, cosa que no se ha hecho.